Como bien dice Fernando Pérez Mulet en el libro "Facetas Artísticas de Manolo Prieto", en una ruidosa plaza madrileña en medio del Paseo de las delicias, no muy abajo del castizo Paseo del Prado, el portón que da acceso a una vivienda del piso quinto de un impersonal bloque de vecinos, llama poderosamente la atención por una reluciente placa de latón que reza, entre lacónica y contundente, del siguiente modo: Manolo Prieto, artista, pintor y dibujante. Todavía permanece desde los años cincuenta, esta forma de anunciar una existencia, de afirmar una presencia que siempre se había manifestado con la rotundidad y la sencillez de quien nunca renunció a la condición de artista. Como en su momento otros, Fernando Pérez Mulet tampoco quedó libre del hechizo que trasmite ese dorado lema. Es como un imán que te atrae y que te introduce en la vivienda, en el minúsculo estudio, una vez que atraviesas una puerta vidriada con el dibujo de una simbólica tela de araña, diseñada por el mismo artista, y te sumerges en la contemplación de la mesa de trabajo, en sus útiles o en las herramientas inventadas tras tantas experiencias acumuladas, primero de dibujante en todas sus facetas y luego de escultor de medallas.


Anuncios publicitarios, portadas de libros y revistas literarias, carteles en su amplia diversidad de género temático, diseñador gráfico, escultor de medallas, amén de pintor, el portuense manolo prieto ejemplifica como pocos la figura polisémica del creador, el cual abarca gracias a su innato talento una pluralidad de facetas cuya bondad e inventiva, le hacen ser una de las personalidades artísticas andaluzas más sugerentes e importantes, hasta el punto de constituirse en pieza clave dentro del mundo de los escultores de medallas contemporáneos, y del diseño y publicidad de nuestra postguerra, aunque con anterioridad ya se había iniciado en las tareas del dibujo y la cartelística. En todas ellas sobresale el talento, el genio, el entusiasmo y la inventiva, y en cada una de sus facetas artísticas contó y cuenta con un sólido crédito profesional entre los compañeros de profesión. Todo justo y bien conquistado.

Ya en 1952, Gil Fillol hablaba de Manolo Prieto como un estudiante permanente, que busca en todo lo clásico las esencias puras, uniéndolas a su visión moderna, y aún avanzada del arte. Uno de los dibujantes españoles más completos y mejor preparados. Para cualquier género está capacitado Manolo Prieto. De sus lápices puede salir una ópera, un poema sinfónico, una zarzuela o un sainete, o lo que es lo mismo, una decoración mural, un cuadro, un cartel o una viñeta. Un ilustrador, indeterminado, que abarca desde las páginas de un folleto de propaganda, a las paredes de un teatro, pasando por el libro, la revista, el periódico diario, la estampa, el cartel anunciador y el cuadro óleo, si se tercia. Esta amplitud, como decía Gil Fillol, en Manolo Prieto no es esfuerzo sino aplicación de sus múltiples facultades, y esto es precisamente lo que le distinguió de la mayoría de los dibujantes españoles de su época.

Los dibujos, carteles, medallas y otras piezas artísticas dan cuenta de su rica trayectoria, que se extiende a lo largo de sesenta años y que se intenta resumir en estas páginas. No hay nada más que ver la versatilidad de los trabajos de Manolo Prieto para percibir que estamos ante uno auténtico artista autodidacta y donde actualmente su obra, año tras año, va cobrando, no el reconocimiento, que lo disfrutó en vida, sino la popularidad, lo cual no está nada mal. En todas y cada una de sus obras destaca el espíritu creador, la calidad artística y la capacidad profesional, aparte de impregnar todas sus obras con un sello propio e inconfundible: su personalidad.

Daniel Hermoso Prieto


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